sábado, 19 de enero de 2019

Módulo 3: La experiencia que nos acompaña

Escribir sobre un docente o persona adulta que te marcara de forma positiva en tu vida y sobre otro que te marcara de forma negativa.
Los puntos a tener en cuenta:
¿Cómo era en el trato contigo?
¿Qué metodologías o propuestas/actividades usaba?
¿Tenía vocación de maestro/a, tenía pasión por lo que hacía o sabía mucho de la materia?
¿Qué aprendiste?

A pesar del mal sabor de boca que me deja, empezaré describiendo mi experiencia negativa, ya que la positiva, que sucedió tiempo después, esta conectada con la primera.

-Experiencia negativa:
Se trata de mi tutor del segundo ciclo de educación primaria. Se llamaba "Don Antonio". Cada mañana el mismo ritual: todos debíamos entrar en el aula antes que él, sentarnos en nuestros pupitres, y cuando el entraba levantarnos para decir a coro: "Buenos días don Antonio". No recuerdo una muestra de cariño, siempre un semblante serio e incluso intimidatorio. 
Sus clases se basaban en un autoritarismo férreo, exámenes de todo lo habido y por haber, siempre sentados por orden de lista, no recuerdo ni una sola vez en la que se hubiese cambiado el mobiliario del aula para favorecer alguna actividad. Deberes diarios y en gran cantidad, los libros de texto como único recurso, en las vacaciones lecturas impuestas, fichas de revisión... Todavía no hace mucho recordaba con mi madre las ocasiones en las que me "gané" un "copia 100 veces, en clase levanto la mano para responder", por haberme podido el impulso de responder sin que fuese mi turno. No puedo evaluar qué aprendí con él, a su favor diré que tengo el recuerdo de que se trataba de una persona muy sabia y con mucha cultura, pero con muy poca pedagogía. Lo que si puedo decir: aprendí a odiar "las mates" gracias a sus divisiones en las que me tocaba salir al encerado y en las que me ponía tan nerviosa que casi nunca lo hacía bien.

-Experiencia positiva:

Mi inseguridad en el campo de las matemáticas me acompañó durante toda mi escolarización.Me convencí a mi misma que no era buena, que mi mente no era para nada lógica, y aunque nunca suspendía, siempre fue una fuente de estrés. Así llegué a tercero de la E.S.O, donde pedí a mis padres que me apuntasen a clases particulares para reforzar matemáticas y física y química. No lo necesitaba realmente y al poco de comenzar con las clases empecé a tener resultados muy buenos. Todo el mundo me preguntaba porque iba a una clase particular, pero a mi me parecía que sin ella nunca podría sacar la asignatura adelante. Una cuestión de falta de confianza y autoestima. Llegó segundo de bachiller, y lejos de haber ganado en confianza, mi nivel de angustia aumentó. Cursé un bachiller mixto (Humanidades y Ciencias sociales) y tenía matemáticas aplicadas. Ese año mi profesora "de parti" Laura, me motivó al máximo, a pesar de que suponía más esfuerzo para ella me propuso profundizar mucho más que en los contenidos exigidos en la PAU, Siempre dispuesta a volver a explicar, siempre en busca de un nuevo ejercicio si yo se lo pedía, supo conectar conmigo y yo con ella, una persona con empatía... guardo un cariño enorme por ella y que alegría cuando vimos los resultados de la PAU.

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